Hace unos días publiqué en mi perfil de Facebook una pregunta: “¿Quién me contó la Teoría de las piernas colgando?”

Recordaba la teoría. Incluso recordaba haber escrito sobre ella, sin embargo, no conseguía cerrar el círculo. Era como esa sensación de ver a un actor en una serie de poca monta cuando de repente tu mundo cambia, todo deja de importar… Y todo se ciñe a una pregunta: ¿dónde cojones he visto yo antes a este tío?.
Pues algo así.

Lo interesante del asunto es que hubo algunas personitas que, aún sabiendo que no fueron ellas, sí que se vieron interesadas por el título de aquella teoría. Les prometí que lo explicaría en cuanto recordase todo y para eso estamos aquí.

He buceado en mis escritos anteriores y lo he encontrado. Hoy, varios años después, lo vuelvo a publicar tal y cómo lo escribí.
Casi sin adulterar.

Sal a la calle y túmbate en el suelo sobre tu espalda. En decúbito supino que le llaman. Si tienes posibilidad mejor en la playa, en una bonita pradera o en algún otro sitio del ramo bucólico. Si no, casi mejor que sea un ejercicio mental; sobre todo para evitar el escarnio de tus vecinos al verte tumbado en el suelo del parking mirando al cielo en una posición más bien propia de un día de resaca posterior a una fiesta en la que lo pasaste demasiado bien.

Ahora toca moverse… pero solo un poco. Eleva tus piernas y brazos al cielo todo lo vertical que seas capaz. Si eres una persona flexible, parecerás una mesa con patas desiguales puesta del revés; si no lo eres, una especie de tumbona a medio abrir. En ambos casos parecerás gilipollas. Pero seguimos.

Si nos quedásemos en el plano de lo terrenal, ahora mismo eres una figura carente de elegancia tumbada como una cucaracha tras un buen rociado de veneno. Pensemos pues universalmente. Si imaginamos la tierra como la (casi) esfera que es y la situamos dentro del universo, ¿dónde estaríamos?

Pues con las piernas colgando.

Algunos diréis que no. Afirmaréis que al estar en el hemisferio norte (si tengo algún lector del hemisferio sur que se manifieste, que me hará ilusión) nuestras piernas no estarían colgando sino levantadas pero… muy fácil afirmáis las cosas vosotros.

Así nos imaginamos

Por una simple convención científico/social hemos asignado “la parte de arriba” al hemisferio norte y lo contrario al sur, pero todo depende de la perspectiva con la que se miren las cosas. No conocemos la forma del universo y ni tan siquiera podemos asegurar cuál es “su parte de arriba”. Sería algo así como diferenciar un 9 de un 6. Depende de sí vas o vienes.

En el tema que nos ocupa, quizá estemos del revés y por lo tanto con las piernas colgando para aquellos que nos vean desde el universo.

Así estamos en la realidad… O, al menos, en una de ellas

Vale. Está bien. Lo reconozco.

La fuerza gravedad hace que probablemente toda esta perorata no tenga ningún sentido para vosotros. Eso se debe a que sois gente normal que no está jodida de la cabeza.
Ya.

Pero a mí me contó esta teoría quien fuera una buena amiga tumbados en la playa de noche mirando al cielo, genialmente acompañados y cubiertos por una vasta trivialidad de temas, que siempre forman las mejores conversaciones, y las estrellas.

Me explicó su teoría y en ese momento sentí dos cosas.
Por un lado, un inmenso vértigo al pensar que alguien pudiera desactivar la gravedad como quien apaga la luz, desprendiéndome así de la tierra y precipitándome al espacio.

Yo, cayendo al espacio (Dramatización: puede que no ocurriera)

Por otro, que la persona que me contaba aquello me estaba regalando un buen recuerdo que siempre conservaría conmigo. Pasase lo que pasase.

No me leáis mal. Ya sé que toda esta historia no os ha servido para nada pero ¿en serio esperabais una revelación trascendental de mí? Eso es que no me conocéis lo suficiente aún… pero ya lo estamos solucionando. Me gustan este tipo de tontadas que me hacen pensar lo justo y divagar lo máximo.

Búscate una teoría entretenida contada con encanto y ya me has ganado. Fácil.

Por eso Barney Stinson se convirtió en mi personaje favorito en la serie Cómo conocí a vuestra madre, simplemente porque “la escala sexy-loca” o “la regla de platino” me parecen teorías legen…

Espera un momento…

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Un poco más…

Ah, y por fin descubrí a su autora. Lidia Jiménez, quien fuera una buena amiga mía.

Y de quien hice el estúpido intento de dejar de serlo.

Y de quien, bendito sea Dios, no lo conseguí.