He quedado con una chica. Me gusta desde que era un crío y siempre he ido tras ella pero hasta ahora no me había concedido ninguna cita. La he deseado en vano mucho tiempo pero mi suerte está cambiando y mañana, por fin, será la gran noche.

Me gusta mucho, de veras. Durante todo este tiempo me he aprendido su forma de hablar, las palabras que más utiliza y, si me das un papel y un lápiz, estoy bastante seguro de que sería capaz de dibujarla de forma muy reconocible.

Nuestra historia viene de largo. Me la presentó un amigo una tarde en su casa y me reventó la cabeza y un poco el corazón. Estaba hecha para mí y cada cosa que decía, no sé muy bien por qué, se me marcaba en la memoria. Al poco tiempo, ya no había una conversación en la que no fuera capaz de acabar las frases que ella empezaba.
Aunque también es posible que fuese porque se repetía bastante.

Más que amor lo que siento por ella es casi devoción, así que es normal que me encuentre algo nervioso. No todos los días se presenta una oportunidad como esta pero creo que lo tengo todo bien planteado para que nada falle.

Mm, quizá no debiera hacerlo pero me hace mucha ilusión compartir esto con vosotros y que me digáis cuál es vuestra opinión.
Os cuento:

Ella ha dejado claro que va a ser cosa de una sola noche y que mañana se volverá a marchar hasta no se sabe cuándo (¿os había comentado ya que es muy viajera?). Además, me ha obligado a pagar la cena de los dos pero no me preocupa en absoluto porque llevo mucho tiempo ahorrando para este momento.

Ah, ¡se me olvidaba! Esto lo escribo en un tren destino Madrid porque ella no puede desplazarse hasta Jerez porque no se lo permite su familia. Son un poco raros. Pero tampoco me importa… ¡Tengo tantas ganas de verla!

Hemos quedado en el restaurante a las nueve de la noche pero me ha pedido que yo esté en el restaurante sobre las cinco de la tarde. Sí, ya que son cuatro horas de adelanto pero el restaurante no admite reservas y las mejores mesas siempre están ocupadas si no te acercas con bastante antelación. Sí, también lo sé, es un poco caprichosa pero merecerá la pena.

Una vez comience la cena, tengo planeado al dedillo cómo trascurrirá todo.
Con los entrantes, empezará a hablar de sus últimas experiencias, esas que todavía no he escuchado lo suficiente.
Con el primer plato, seguro que retoma alguna de sus viejas historias y yo estaré nervioso en mi sitio escuchándola embobado.
Al llegar el segundo plato, ya hartos de vino y comida cara, me deleitará con su mejor anécdota, aquella que me enamoró en casa de mi amigo la primera vez que la escuché. Esa que soy capaz de recitar frase por frase.

Por último, a los postres, me acercaré a ella para intentar besarla pero, si la conozco bien, jugará esa carta tan suya de marcharse al servicio, hacerse de rogar, y volver al poco para regalarme un tímido besos en los labios a modo de recompensa. Y luego se marchará definitivamente.

Así será. Será genial. Será inolvidable y, ¿sabéis lo mejor de todo? Que estaré toda la noche grabándolo todo con la cámara del móvil en la mano.
Sí, sé que me perderé gran parte de la diversión.
Sí, sé que la calidad de imagen del móvil es cuestionable en ambientes cerrados.
Sí, sé que estaré mirando una pantalla en lugar de mirarla a ella a los ojos.
Sé todo eso pero lo haré igualmente… ¿no os parece una cita genial?

No os lo parece, ¿verdad?

Entonces…

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¿POR QUÉ COJONES CUANDO VAIS A UN CONCIERTO TENÉIS QUE PASAROS DOS PUTAS HORAS CON LOS BRAZOS EN ALTO SOSTENIENDO UN MÓVIL PARA GRABAR UN PUTO VÍDEO QUE SE OYE COMO EL CULO Y QUE NO VAIS A VOLVER A VER EN VUESTRAS PUTAS VIDAS?