Ahora que se escapa el doble veinte,
y nos deja estas secuelas marcadas;
ahora que queremos que reviente,
y se aleje este Covid medio en bragas.

Ahora que las campanadas tristes
repican por los muertos de mi madre,
las cuentas de rosarios que no existen
no tendrán quien las rece cada tarde.

Ahora que casi todo hace daño,
los balcones ya solo aplauden paños,
y vivir a pierna suelta da miedo.

Ahora que se prende fuego el año,
aun temiendo a futuros desengaños
ya no me guardaré ningún “te quiero”.