En ocasiones nos formulamos preguntas desde el error de creer que tienen respuesta. Hay cuestiones que creamos sólo para poder pensarlas, no para resolverlas. Yo las llamo “preguntas luna”: están ahí, las vemos, y si el cielo está despejado, nos maravillan un rato… pero nunca las ensuciaremos con nuestras certezas.

¿Qué es tener éxito? Dependerá del receptor pues cada combatiente determina sus victorias. Tener mucho poder puede ser el gran logro de alguien que mira con desprecio a otro que está consiguiendo su gran meta: otro pico más de heroína para pasar el día. Probablemente sea un ejemplo extremista y tendencioso pero es porque nos han educado en esa moral. Lo han conseguido. Supongo que esa fue la victoria de nuestros educadores.

Si hay pocas respuestas universales, sólo nos queda hablar sobre nuestros universos y disfrutar comparándolos. Hoy me gustaría dejar aquí un pedacito del mío.

En mi parchís, sacar doble equivale a la risa: siempre se repite. Si nos hemos reído juntos, ya tienes ganada una parte de mi partida.

Soy hipocondriaco autodiagnosticado y sigo sin curarme de espanto. Todo es cáncer ahí fuera y yo sólo me cuido cuando me asusto. Soy ese conductor que somos todos cuando vemos un accidente en la carretera; freno un poco mientras me acuerdo y luego a correr hasta el próximo accidente en el andén.

Tengo tantas buenas intenciones que se bloquean al querer salir todas a la vez y no acaba por salir ninguna. Mis buenos propósitos son las enfermedades del señor Burns. Las unas por las otras, y todo por hacer.

Mis buenos propósitos intentando entrar en mi vida

Tengo tendencia a la depresión, por eso me considero gracioso. Más en persona. Más cuanto mayor me hago. Mi humor negro es casi azul pero, como ya he dicho, soy daltónico.

Doy muchos rodeos. En la vida y en mi mente. Suelo disfrutar más de lo que no sucede que de lo que verdaderamente ocurre porque el mundo más grande lo guardo para mí. A ratos lo comparto y… no siempre funciona.

Doy tantos rodeos que he terminado por escribir una entrada completa para justificar un párrafo. El siguiente. El que ha provocado que quiera escribirlo. El que probablemente cueste más entender.

Cuando me he quedado en negativo es cuando más he ganado. Los saldos a favor nunca me han favorecido. Cuando quise más de lo que me quisieron; cuando soñé más de lo que me soñaron; cuando deseé más de lo que me desearon… De tanto invertir, terminé por ganar mis derrotas.

Y algunos me preguntan: ¿y no te cansas de quedarte en números rojos? No, porque no puedo deberme nada a mí mismo.

Y otros me dicen: ¿no temes equivocarte con alguien? Pero eso es lo mejor de todo: no puedo equivocarme porque todo lo anterior lo hago por egoísmo. Egoísmo bien entendido. Soy mejor persona ahora que soy egoísta; ahora que todo lo hago por mí. Si quiero, si sueño o si deseo… No lo hago por la persona querida, soñada o deseada… Lo hago por mí. Por mi mundo.

Soy más feliz cuando quiero. Soy más feliz cuando sueño. Soy más feliz cuando deseo.

Sé que no puedo cambiar el mundo pero sí que puedo cambiar mi mundo. Mi egoísta mundo. El mundo en el que habito. El mundo que comenzó cuando nací y que terminará conmigo. Ese es el mundo que realmente importa.

¿Qué pasaría si todos tuviéramos nuestro mundo egoísta? ¿Qué pasaría si los uniésemos? ¿Qué pasaría si hiciéramos lo que realmente sentimos sin calcular los beneficios o, mejor aún, las penalizaciones?

Supongo que aquí es cuando volvemos al principio; a formularnos preguntas desde el error de creer que tienen respuesta.

Hoy está despejado. Hoy miraré a la luna.