Escribo estas líneas hoy porque si lo hubiese hecho en estos días atrás probablemente hubiera destrozado las teclas a porrazos. Casi me lo puedo imaginar: un teclado desfigurado con dos teclas directamente saltadas de tanto golpearlas. La N. La O.

NO.

Porque NO significa NO. Que pares. Que me dejes. Que me olvides. Que NO quiero que sigas por ahí. Que NO te he dado permiso. O que ni siquiera me has preguntado. NO.

Que mi cuerpo es mío y tuyo NO. Que NO te pertenece a ti ni siquiera cuando yo, quien lo controla, NO pueda manejarlo. Cuando NO me responda. NO.

Y así con todo.

Probablemente haya bebido más de lo normal. Puede te haya sonreído. No descarto incluso te haya besado… pero ahora quiero parar porque en este estado NO soy yo. Y porque vaya puto asco ser tú.

Voy a explicártelo muy claro para que NO te lleves a equívocos.

Si NO te he dicho que sí, es que es NO.
Si NO me has preguntado, es que es NO.
Si te he dicho que sí y luego que NO, es que es NO.
Si te he excitado y luego te he parado, es que es NO.
Y por supuesto, si me habéis dado miedo y os he dicho que sí… También es NO.

NO se puede culpar a la víctima de una violación de ir provocando. NO. Porque cada uno es dueño de su cuerpo, sí, del suyo. Y ahí termina su propiedad. Mi piel es mía pero tuya NO.

NO debemos confundir el hecho de NO ofrecer resistencia con consentir. Me han robado una vez en la vida y creedme, si en lugar de robarme a punta de navaja me hubieran querido violar, el aquí firmante escribiría hoy esto con el culo roto. Porque me hubiera dejado. Porque tener miedo NO es consentir.

La N se resiente. La O todavía me aguanta.
Me alegro porque es ahora cuando las voy a pulsar con más violencia.

NO. NO. Y NO.

NO se puede acusar a una víctima por intentar seguir adelante con su vida. NO podemos señalar a nadie por combatir su dolor riendo, saliendo o bebiendo. NO se debemos insinuar que “NO será para tanto cuando NO ha quedado destrazada el resto de su vida”. NO.

Imaginad esto. Salís a la calle y encontráis a dos niños de unos diez años jugando a la pelota: uno rubio y otro moreno. Os acercáis a ellos y le dais un guantazo a cada uno. El rubio llora pero el moreno aguanta. ¿Diríais acaso que una de las dos bofetadas es más aceptable moralmente que la otra? NO, ¿verdad? Pues en esto tampoco.

La mujer violada del César NO sólo tiene que serlo. NO. Tiene que parecerlo, sufrirlo y arrastrarlo el resto de su vida para que los demás la crean… Pues NO.

NO.

Y NO.

Porque a todos nos enseñaron la importancia de saber decir NO pero parece que NO a todos les explicaron su significado.