• Historias para tristes #38:
    Era tan perfecta que lo tenía todo. Incluso aquel “no” dibujado en sus labios.
  • Hoy es lunes y vuelvo a comenzar la dieta. Esta vez estoy seguro que lo conseguiré…
  • ¡Me cago en mis muertos! Sabía yo que al final Vox lo conseguía.
  • Hoy un alumno me ha preguntado en clase por un escrito mío. Y no le he sabido responder.
    Y no creo que aprenda nunca.
  • Nunca había vivido tan cerca del río, ni tan lejos de todo lo demás.
  • Hoy he vuelto a recordar que la había olvidado. Ojalá mi memoria fuera como Facebook y pudiera desetiquetarla de mi vida… Pero no, nunca necesitaré que nadie me haga olvidar que la recuerde.
  • Como siempre os digo: recordad que hoy se acaba el año, no el mundo. ¡Feliz 2024!
  • Reír y llorar son la misma cosa solo que al revés; y hoy estoy haciendo pino. Y no sé lo que quiero. Ni lo que hago.
    Ni dónde quedaron mis pies.
  • Historias para tristes #39:
    Se dijeron “adiós” en mitad de un abrazo y, como quien se amputa una pierna, aún puede sentirla cuando hace frío.
  • Tengo 35 años y sigo sin saber lo que quiero. Tampoco creo que lo averigüe nunca del todo. Ni ya me parece que sea algo importante.
  • De pequeño soñaba con que para el 2023, los coches ya volarían. Hoy, que lo que vuela es el calendario, me conformaría con que no contaminasen.
  • Nunca he tenido la valentía necesaria siquiera para ser cobarde.
  • Pensaba con las manos. Bailaba con los ojos. Reía con el cuerpo…
    Y no la vi nunca llorar.
  • Soy un tío gracioso. No tengo grandes virtudes pero tengo esa. El problema es que, a ratos, se cierra el circo y los enanos me miran por encima del hombro, y el trapecio suena oxidado.  No recuerdo si puse la red de seguridad.
    ¡The show must go on!
  • Para cuando la vuelva a ver habrán pasado muchas lunas. 
    Tantas como risas caben en su boca.
    Tantas como formas de ignorarme.
  • La vergüenza no debería servir más que para perderla entre los cojines de cualquier sofá.
  • Me he equivocado tantas veces en la vida que estoy seguro que no me volverá a ocurrir… pero puede que me equivoque.
  • Historias para tristes #40:
    Él nunca la besó. Ella lo olvidó pronto.
    Y, de entre las secuelas de aquel error, sólo le queda una estúpida costumbre por escribir en tercera persona.