Lo entiendo. De verdad que lo entiendo. Nunca os hubiera reprochado nada de haber sabido que no lo hacéis porque unos terroristas han secuestrado a vuestros familiares y os amenazan con matarlos en caso de que lo hagáis. Así es normal que no atinéis.
Ah, ¿que no es eso?

Entonces lo entiendo. De verdad que lo entiendo. No lo hacéis por aquella antigua lesión metacarpiana que os tuvo retirados de la profesión durante tantos años. ¡Haber empezado por ahí! De esa forma, es imposible que me enfade con vosotros. Nunca me podría perdonar que, al hacerlo, recayerais de esa dolencia que tanto os turbó la vida.
¿Qué tampoco es eso?

Pues no hace falta decir más. Lo entiendo. De verdad que lo entiendo. Me hubiera ahorrado esos gritos que os he ido regalando si me hubierais explicado antes que dejasteis de hacerlo porque tuvisteis una experiencia extracorpórea en la que un ángel enviado del más allá os reveló los males que provocaríais al hacerlo. No se puede luchar contra lo sobrenatural. Donde hay Dios no manda nazareno.
¿Cómo? ¿Que no es esa la razón?

¡Hala! ¡Qué había olvidado el dinero! Tiene que ser por dinero. Claro. Ahí sí que lo entiendo. De verdad que lo entiendo. Antes de la llegada de la crisis seguro que lo hacíais porque os lo podíais permitir pero ahora… todo ha cambiado. Ahora os cobran por hacerlo y no es que sean pocas las veces que se se debería hacer al cabo del día. No todo el mundo puede permitirse realizarlo porque, a final de mes, hay que echar cuentas. Negro sobre blanco. Los lujos para los ricos, claro.
Pero… ¡no me digáis que esa tampoco es la causa!

¡Lo tengo! Cuando no es por dinero… siempre es por amor. O por desamor; la cruz de esa cara. Y si es por amor, claro que lo entiendo. De verdad que lo entiendo. Seguro que lo dejasteis de hacer porque cada vez que lo hacíais recordabais la manera en que lo hacía él, o ella; y os duele demasiado. Os sigue doliendo demasiado. Pasáis el día jugando a fingir que lo habéis superado pero cuando os quedáis a solas con vuestra alma, cuando ya no hay público para el que actuar… os derrumbáis ante ese gesto. Su sonido. Su forma de aparecer para desaparecer al poco… Igual que desapareció él. De la misma forma en que se desvaneció ella.
¿Me tomáis el pelo? ¡Porque me habéis dejado sin motivo!

Entonces…

Si no existe un comando terrorista que os amedrante.
Si no os produce dolor físico.
Si no es por mandato una aparición etérea y salvadora.
Si no es por un asunto económico… porque sigue siendo gratis.
Si no es por amor.
Ni por desamor tampoco.  

Si no es por nada de esto. Si aún no encontráis vuestra excusa dentro de esta lista…

¿Me podríais explicar amablemente por qué cojones no ponéis los intermitentes cuando conducís?

Dadme una buena explicación, razonable o hasta imaginativa… y juro que lo entenderé.

De verdad que lo entenderé.