Día 289. Otro más aquí arriba. O aquí abajo. Es irónica la manera en la que viajar por el espacio relativiza la concepción espacial. Cuando no tienes con qué comparar, todo puede estar del derecho o del revés. O viceversa. O todo a la vez.

Me he despertado temprano, coincidiendo con el amanecer de mi tierra en la Tierra. Me gusta mantener esa costumbre siempre que puedo. Me hace sentir un poco más cerca de casa. Aquí arriba (o aquí abajo), la alarma del despertador ha sustituido al dolor de espalda que me despertaba cada mañana. El dolor desapareció a las pocas semanas de despegar y ahora incluso soy un poco más alto. A mi compañero Jerry le gusta decir que aquí crecemos porque los problemas no tienen tanta gravedad. Le encanta hacer chistes malos sobre el asunto gravitatorio. Yo le digo que está loco y él me contesta que sí, pero que no es nada grave.

Tenía tanto sueño que cuando he ido a lavarme los dientes, casi me trago el dentífrico creyendo que era la pasta esa que comemos cuando nos ponemos en cero (así es como llamamos aquí a suspender la gravedad). Sé que puede sonar genial pero vivir sin gravedad es una mierda porque hasta estornudar se convierte en un problema. Todo flota. Todo se suspende. Ni siquiera podemos tener una puta planta de verdad porque no la podemos regar. Yo me traje una de plástico y de vez en cuando, simulo que la riego para no perder la costumbre. Aquí arriba (o aquí abajo), es fácil dejar de sentirme humano a poco que te despistes.

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