Un malhechor entra en tu casa a robar. Tras descubrirte sentado frente al televisor viendo Telecinco te emboca con su revólver y te anuncia que la próxima bala lleva tu nombre. Tensiona el dedo sobre el gatillo pero, antes de disparar, te pregunta: “¿Dónde prefieres que apunte: a la tibia o al cerebro?”.
Puedo suponer tu reacción.

En primer lugar, te sorprendería que un maleante de tal calibre te sondee sobre la zona en la que herirte. ¡Brindemos por los ladrones de buen corazón! O a lo mejor no iba a dispararte pero claro, es que estabas viendo Telecinco… Y se ha encendido el muchacho.

En segundo lugar, no dudarías un instante a responder: “La tibia”. Estoy seguro de que no te plantearías ni por un segundo la opción de elegir el cerebro como destino para esa bala. ¿Me equivoco?
Seguro de que no.

Siguiendo esta premisa, todos convendremos en la importancia del cerebro sobre los huesos y, si me apuras, casi sobre cualquier órgano del cuerpo. El cerebro es la piedra roseta del cuerpo humano. El organizador de juego. El Xavi Hernández.

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