Quién tuviera 15 años y estos sueños. Los mismos que ahora, pasada la barrera de los 30, me sorprenden mirando al infinito.

Quién volviera a susurrarle a mi oído que el miedo es cobarde, que se esconde si le enfrentas. Pero que siempre volverá. Que será una lucha interminable que nunca debes perder pero sabiendo que jamás terminarás de ganar.

Quién le chivase al infante que fui que besar no era tan importante si los labios no eran los correctos. Que el boquerón era sólo un pez que se perdería contracorriente en el mar de saliva adecuada. Y que no llegaría a naufragar.

Quién tuviera la capacidad de explicarme que el tiempo se agota. Y las personas. Que una mañana cualquiera perdería una de mis sonrisas favoritas. Y que lo que más me asustaría sería olvidarla. El hecho de dejar de visitarla en el pozo de mis recuerdos que se sigue llenando de nuevas historias.
Llorando sobre mojado.

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