Félix Vida Web

Otro proyecto que dejaré a medias

Mes: agosto 2017

Historias para tristes #4:

Subieron los 110 pisos del edificio y sobre la cima del mundo se juraron amor eterno.

Pero era 11 de septiembre.

Y la eternidad duró un segundo.

La mala memoría que recuerdo

“La felicidad consiste en tener buena salud y mala memoria”.

En el gran universo de Internet se atribuye esta cita a diferentes autores y no sabría dilucidar para vosotros cuál fue el primero que la acuñó. Yo particularmente se la oí por primera vez a Pepe Domingo Castaño en el Tiempo de Juego de la Cadena Cope.
Y no podría estar más de acuerdo.

Quien me conoce bien sabe de mi increíble capacidad para olvidarlo todo. Por poner un ejemplo: para mí, y debe ser un gen familiar porque mi hermana también lo soporta, el 90 % de las películas son nuevas independientemente de las veces que las haya visto.

Y donde digo “películas” podéis englobar libros, series, etc. Es una condena a la que todavía no consigo acostumbrarme y que bien me sirve la mofa de mis allegados.

– Pero ¿cómo puede ser que no recuerdes el final de la peli? ¡Si la vimos ayer!
– Lo sé, pero es que no consigo recordar que pasaba con el chiquillo rubio al final…
– ¡PERO SI ESA ES LA CLAVE DE LA PELÍCULA!

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El tsunami de Barcelona… Y luego todo lo demás

Una furgoneta con unos cuantos locos en Barcelona y la onda expansiva que desata un tsunami a su alrededor. Y no, no sólo hablo de atentados.

El yin y el yang existen y al parecer, cuando el horror se hace verdad, crecen dos olas que chocan entre sí para compensar su movimiento y permitirnos seguir flotando. Eso sí, ante la inundación, siempre hay algún gilipollas que considera que es buen momento para surfear en busca de su minuto de gloria.

Mi buen amigo Javier Vargas me lo resumió perfectamente en una frase: “Ya me parece de gilipollas ir a un concierto y pasarse todo el rato mirando una pantalla minúscula en lugar de disfrutar del espectáculo pero esto es otro nivel. No me puedo explicar que lo primero que se le ocurra a alguien instantes después de un atentado sea sacar el móvil y ponerse a grabar muertos”.

Aquí tendríamos al surfero principal. El que agarra la tabla y se deja ver entre la multitud, demostrando que el ser humano siempre se supera en estas situaciones… Y no necesariamente para bien.
Cuerpos por las aceras, personas pidiendo auxilio y en lugar de arrimar el hombro, las manos y hasta la ropa, arrima un morbo totalmente innecesario al sufrimiento ajeno.

Pero ahí no acaba la cosa. Ojalá. El surfero principal es gilipollas, obviamente, pero no existiría de no ser por las olas que lo impulsan hasta la orilla. Esos jaleadores del tonto que se convierten, a su vez, en tontitos. Algo así como una estructura piramidal de la mala gente y los gilipollas.

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Mis relatos en cadena #1

Relatos breves encadenados. Cada uno empieza donde termina el anterior y así, entre todos, se teje una historia inconexa que va de la risa al llanto, con un rodeo por lo macabro y lo pueril. Magia.

Si alguno de vosotros es curioso de la radio, y ojalá que así sea, seguro que ya conoce el famoso concurso Relatos en cadena que cada lunes se lleva a cabo en el programa La ventana de Carles Francino. El desarrollo es bien sencillo: con la frase final del relato ganador la semana anterior los oyentes deben comenzar su propio relato para la semana siguiente. Es la única premisa. Esa, y no superar las 100 palabras por historia.

Si no lo habéis oído nunca, ya vais tarde. Resulta curiosísimo comprobar cómo, desde un mismo punto de partida, se puede llegar a tantas metas, y tan diferentes. La manera en que una misma chispa desencadena explosiones tan dispares. 

Debo confesar que alguna vez yo mismo he jugado a sentirme escritor con ellos. Nunca he llegado a ganar más que la satisfacción de ver mi pequeño universo creado en unas pocas líneas. Eso, y el talento de los ganadores que cada semana me demuestran que esto de las letras obliga al matrimonio entre el oficio y las musas.

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La carta que te debía… Lo siento

Lo siento. Me he equivocado. Si pudiera volver atrás y desandar lo que anduve, te juro que lo haría para volver a tenerte delante y en lugar de reírme de ti, sentarme a tu lado y defenderte de los chicos como yo.

Me inventaría una canción que cantaríamos a dúo sólo para hacerte olvidar las otras que los niños entonaban como excusa para el insulto. Nos reiríamos de los gilipollas de nuestro alrededor que aún no sabían una mierda de la vida.
Ni habían empezado a sufrir lo que probablemente te hicimos sufrir a ti.

Me encantaría erigirme en el defensor que no fui en su momento y golpear al niño que sí llegué a ser. Pero ya no puedo.
No puedo porque no sé viajar al pasado.
No puedo porque tuviste a bien morirte.

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Historías para tristes #3:

Afrontó el valor de besarla con los ojos abiertos para comprobar si ella los cerraba.

Y llegó el apagón.

Salmos para una dieta

Hace una semana anuncié en el mismo sitio, y a distinta hora, que volvía a retomar un proyecto personal que se me ha ido escapando en los últimos años: perder peso. Muchos fuisteis los que reaccionasteis a aquello, sobre todo en mi perfil de Facebook, de muy diversas maneras.

La mayoría flipasteis con mi foto de “El Drogas”. Otros seguramente dudasteis de mí (cosa normal, porque yo también lo hago). Incluso uno de mis mejores amigos, casi mágicamente, empezaba su dieta por las mismas fechas; y en su caso, además, debe luchar con las legendarias dotes culinarias de su madre…

La cosa es que me he sentido animado para no abandonar este proyecto como casi todos los demás y ya llevo mi primera semanita. Mis primeros resultados. Mi primer salmo.

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Desencriptando errores

Estas letras no iban aquí. No en este orden ni con este sentido. Ni tampoco hoy.

Hoy pretendía publicar un escrito en homenaje a todas esas veces que no nos dijeron que no… porque ni tan siquiera preguntamos. Esas omisiones que anticipamos en “noes” y nos acostumbramos a perder por miedo a ganar.

Ese club de los cobardes que se imagina la vida que no vivió.
Ese poderoso lobby que enmascara la verdad porque lo que no llegó a pasar resultó ser lo realmente importante.

Hoy tenía que romper una lanza por todos aquellos que parecemos vivir en medio de una canción.

Yo quería que leyerais hoy sobre eso pero no puedo. No. Porque he perdido la contraseña… Y no es una figura literaria.

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Historias para tristes #2:

Para cuando te decidiste a dejar de hacerte esperar, ya me había desesperado.

El pato que venció al cáncer

El pato es un animal impresionante. Discretamente y sin levantar sospechas, una de las aves acuáticas más comunes de nuestro entorno, reúne multitud de peculiares características que la convierten en un ser digno de todo elogio. No exagero.

Por ejemplo, ¿sabías que el graznido del pato no produce eco? Bueno, en realidad sí que lo produce pero en una onda sonora difícilmente audible por el oído humano.

O ¿sabías que los patos tienen seis párpados, tres por cada ojo? Según se dice, cuando un pato se despierta, tarda alrededor de seis horas en abrir completamente los ojos. Vamos, como tú cuando estás de resaca, pero sin dar tanta pena.

Y lo más importante, ¿sabías que el pato es un animal salvavidas? Al menos, desde hace tres años, los patos son héroes que migran por septiembre hasta nuestra tierra para ayudarnos a hacer un poco mejor la vida de aquellos que la viven bastante peor.

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